Poesía




 "Detrás del nombre", publicado por el Sporting Club de les lletres el año 2012.
Próxima presentación junto a la exposición del mismo nombre, en el Sporting Club Ruzafa de Valencia, Calle Sevilla número 5                    http://www.sportingclubrussafa.com/


Crítica en  el Periodista Digital. 19 de febrero de 2012.


Ficha técnica
Título: Detrás del nombre
Autora: Enfero Carulo
Editorial: Sporting Club Russafa
76 páginas
12 euros
El título de la obra es Detrás del nombre, y la autora, Alicia Ruiz, se presenta con el nombre de Enfero Carulo, otro de sus hallazgos poéticos. Sin embargo, cabe presumir que no sólo puede haber poesía tras él, sino que acaso contenga buenas dosis de carga emotiva.
Ella es una investigadora incansable de una gran cantidad de vías que conducen al arte. En este libro se luce en dos de sus modalidades, la fotografía y la poesía. Cada poema va emparejado a una fotografía y ambos, página tras página, logran intrigar.
Desentrañar el misterio que encierra cada rostro, cada gesto, cada boca, cada mirada, es la tarea que se ha impuesto Enfero Carulo, y nos propone que la acompañemos en ella. Y lo cierto es que a medida que nos adentramos en el libro y contemplamos las fotografías y leemos los poemas, vemos que el misterio existe y que la tentación de intentar desentrañarlo es grande.
En uno de sus poemas, emparejado con la fotografía de una bella mujer que se mira en un espejo roto, figuran los siguientes versos:
(…)
Yo sólo soy un nombre,
un apócope inflado
clavado entre mis sábanas de llanto,
fragmento de nocturnos y palabras.
(…)
Sólo es un nombre, pero detrás del nombre hay un cúmulo de esperanzas, frustraciones, misterios, ilusiones, alegrías, penas, sufrimientos, éxitos. La vida, aunque a menudo cerremos los ojos a esta realidad, es un enigma. Y cada uno de los rostros encierra en sí el enigma del universo, el misterio de la vida.
Sólo es un nombre, pero como dice en otro poema:
Sin el nombre, serías
marioneta de fieltro
con pétalos anclados
en las cuevas del rostro.
(...)
La vida es un enigma, pero el arte nos enseña que la belleza existe y que está en los lugares más inadvertidos. Enfero Carulo nos anima a mirar, con ojos de artista, a todas las cosas y a todas las personas, dirigiendo la indagación, también, hacia la búsqueda del lado bello. O a crear la belleza con lo que hay.
Vicente Torres






I
 
Mira desde el espejo del hombre la razón,
el corazón virado como una cuerda escapa.
Bajo mi capa, el llanto secreto custodiado,
de miedo amenazado por congelados fuegos.

Mis arpas se desploman, profetizan incendios,
calores cerebrales como la carne espuma,
siento mi forma en ti cavar a toda prisa
una mirada negra, una música rota,
una nota emigrada, un pentagrama, un ángel
acostado en el lado derecho de tu ser.

Mientras finges dormir, haré como la luna,
congelaré las aves que habitan en las almas,
vagabundas miedosas con las alas atadas.

 

De "Detrás del nombre"





La muerte se hace curva

I
Estoy leyendo a Rilke, pero escucho tus huellas
transitar los pasillos de una muerte anunciada.
Me lo dijiste un día, me lo dijiste un siglo
y yo no te creía, no te supe mi abrigo.

II
Suspéndeme en la leve ranura de tu risa
para mostrarme, errante, que todo es de mentira,
conviérteme en la sombra por la que te deslizas
y muéreme en silencio y muérdeme en caricias…
Pertúrbame despacio sin temor ni calima
sé tú mismo el que muere cada vez que se oxida
este trazo desnudo de una imagen movida,
la imagen de ti mismo, que en mi boca suspira.

III
Y si esta muerte es mía ¿Por qué no he de morirla
como se vive en vano al borde del abismo?
¿Por qué no he de taparla con los restos de vida
que en una sinfonía me prestaron los astros?

 De "Amarillo de Lluvia", 2009

**


Encontrarme  en ti

Secretamente sé que me amas siempre
aunque me hables de amor como si fueras
ciego, pájaro herido.

Eres Marte triunfante,
tu intención no es perversa y sin embargo
me magullas el alma y su estructura.

Pero trato de amarte hasta el olvido
y me pierdo en mi nombre mientras busco
encontrarme en el tuyo absurdamente.

De "Contratos nauseabundos", 2010 


Un beso 

Un beso es una isla,
un semáforo en rojo, una palabra
dibujada en el óvalo del rostro,
que queda por decir
porque una mano ardiente la sujeta
como un péndulo blanco
suspendido entre el clima de las calles
y un país inventado.

Un beso es estación no mesurable,
destino pertinaz hacia el camino
forzoso que nos lleva a todas partes.
De "Charivari", 2011 


Matar o morir.
.
Nunca hubiera dudado en darte abrazos
trepadores que tengo por sentidos
mientras mi alma me hablaba de tu zarza.
Pero nuestra clepsidra ya no es nada,
un vago viento apenas murmurado,
un desdecir mellado de distancia,
el zozobrar de un pecio a la deriva.
Cómo ves que se pierde
buscando un horizonte de cenizas.
Cómo miras callado
perforando fatal en tu tristeza.
Cómo miro tu rostro,
cómo miro,
con cielos muy nublados hacia adentro.
Te aferraste a esos cielos desde el fondo
del martirio de vida que te infliges
y todo era tormenta,
y todo era residuo,
y todo se implantaba en sacrificio
de anticipos de muerte silenciosa.
Ahora ya te moriste
y no puedo saber si estás contento..
.
.
Mi calle.
.
Mi calle es un erial, sencillamente
un reguero de arena y de despojos
abiertos como heridas descarnadas
que ya no tienen voz de tanto grito.

Mi calle es solitaria,
tal vez es un desierto, una caverna,
un preguntar tan yermo sin respuestas,
como aquel que está loco y no es oído.

Retrocede despacio y abatida,
finge un eco de mar desobediente,
es abandono, sed, ida sin vuelta,
mi calle es lo que hay fuera de mi casa.
.
.
.
Hogar.
.
Me da miedo volver
y encontrar extinguidos los aleros,
las tejas apagadas
sin el fuego que ayer las envolvía.

Sólo siento un temblor inexplicable
cuando evoco mi casa
y la deseo intacta
navegando cual barca en la colina
que antaño la mecía entre sus piedras.

Puedo verla vibrando sobre nubes,
silbando por la hierba
con ese gesto inútil de los niños
por ser siempre felices.

Pero temo el regreso emocionado
de volver a encender la chimenea
y apretarme en abrazos con mi cama.
Temo ser la de siempre,
aquella que no tiene domicilio.



Mi casa.
.
En mi casa hay macetas con aromas
de manos y calor, comprometidas.
Como sábanas, pétalos dorados
abiertos sobre labios con sonrisas.

Es mi casa gentil, le pertenezco
como una propiedad que se dispersa
entre gentes de humor de golondrina
y sabe que la tarde le entumece.

Detrás de las ventanas gira un río
fabricado de cuerdas que se agitan
al ritmo de la música de un tiempo
donde un año de luz está previsto.

Y no falta la alfombra en esta casa
donde alumbra un fulgor indefinido,
así puedo tumbarme en sus entrañas
y escaparme al confín de sus silencios.

Allá donde el albatros reina un día
o un tigre difumina en los papeles
los límites del verde imperturbable
y un macizo de flores es caricia.
Está abierta mi casa para el mundo,
no conoce lo hostil del ser humano
porque cree todavía en la existencia
del arte de saberse pasajero.

La miro emocionada y me pregunto
qué habrá en esa inocencia que me embarga.


De "Al fin un domicilio"
.


.
Estar sola es no estarlo.
.
Cuando sé que estoy sola, desmenuzo
el polvo que me queda entre los dedos
como leyes caducas, inservibles.
Y me estiro a lo largo de la cama
aunque me halle muy lejos de la alfombra
que soporta mis pies al levantarme.

Deslizo la cortina haciendo islas
que serán por instantes un planeta
desligado a segundos o milímetros.
Y siento todo inútil, excitante
por no tener sentido, sin embargo,
cómo me gusta el tiempo estando a solas.

Es cuando ciertamente estoy contigo.
 
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